Comentario de libro: La insurrección en Dublín

La insurrección en Dublín
James Stephens
Ediciones Godot, Buenos Aires, Argentina, 128 páginas

La insurrección en Dublín, Irlanda, es un relato de su autor James Stephens, quien vivenció en propia persona los sucesos armados de la Semana Santa de abril de 1916.

El autor realizaba sus actividades normales de cada día cuando se encontró, de repente, en medio de los escenarios armados, donde el Ejército de Voluntarios Irlandés comenzaba a tomar los principales puntos estratégicos a fuerza de tiros y bombas caseras.

Así comenzaba a escribirse una página sangrienta, durante una semana completa donde el mismo Stephens comenzó a interrogar a algunos de los integrantes de aquel movimiento. Ellos tomaron sitios importantes de la ciudad de Dublín, levantaron barricadas a la espera de la reacción del ejército ante su levantamiento armado.

Cabe aclarar que el autor se afilió al Sinn Féin, partido político irlandés de izquierda en 1907. Trabajó como asistente en un buffet de abogados y como mecanógrafo, al tiempo que escribía poesía y textos filosóficos.

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Con el correr de las horas el rumor de la insurrección se hacía realidad, ni un policía se avistaba en ese día con puentes y edificios públicos tomados. Las calles parecían un desierto, más aún por el feriado ya que muchos habitantes de la ciudad se habían ido a pasar esos días a otras localidades.

Así Stephens pudo ir cosechando respuestas de algunos de los jóvenes armados, que no eran más que obedientes soldados sin propio idealismo para esa insurrección, y de algunos de sus superiores que parcamente le contestaban y ordenaban retirarse de la zona de las barricadas.

En esa época, no había acceso a la información tan fácilmente como hoy en día. Lo poco que se sabía era por propio conocimiento o por encontrarse con otras personas a intercambiar sus vivencias, armando de esa manera una idea cabal de la realidad que les tocaba vivir.

Los relatos van desde los inicios de la insurrección de los Voluntarios, pasando por su firmeza de los primeros días, y la retirada ante el avance de los soldados ingleses.

La ciudad padecía de días sin diarios, pan, leche, ni nada de lo que los habitantes pudieran aprovisionarse. Por ello y por las muertes a la vuelta de cada esquina, los Voluntarios ya habían perdido cualquier muestra de favoritismo en la población.

Las noticias seguían siendo solamente las intercambiadas en la calle entre personas de una zona u otra, que se comentaban entre sí las novedades, o tan solo los rumores que escuchaban de tal o cual persona.

En sus escritos, Stephens solo menciona a sus interlocutores de cada día en la calle con siglas, que pudieran responder a sus nombres y apellidos.

Por si fuera poco drama levantarse cada día entre tiros de metralla y rifles, además, los rumores que podían recogerse incluían novedades distantes sobre la actualidad de la Primera Guerra Mundial, donde alemanes e ingleses se repartían triunfos y derrotas en los mares, y sus aliados ganaban y perdían territorios distantes y batallas día a día.

Con el correr de los días, los Voluntarios comenzaron a retroceder, al tiempo que los soldados llegados de Inglaterra tomaban posiciones en lugares públicos antes en manos insurrectas.

El último bastión de los Voluntarios era la fábrica donde flameaba su bandera republicana, hasta que una tarde despejaron a cañonazos la misma y la bandera fue bajada de su mástil.

Una insurrección sin mucha organización, simplemente se plantearon tomar lugares estratégicos, llamar la atención, y ceder posiciones cuando lo inevitable sucediera, que era la presencia de los soldados ingleses con su mayor poder de fuego y cantidad de hombres para aplacar a los Voluntarios.

Una semana en la que hubo destrucción y muerte en la ciudad, semillas de un odio que duraría muchos años más, entre el país grande, rico y dominante y el país vecino, pequeño, subordinado.

El autor, quien sufrió en carne propia este acontecimiento histórico e incluso sufrió de persecución a tiros por circular por la calle de su casa ante francotiradores, relata en este libro el día a día de un ciudadano común, subsistiendo sin información a lo que acontecía, y viendo la muerte a la vuelta de cada esquina.

La insurrección en Dublín se convierte así es un relato de historia de vida desde la mirada del autor que nos deja un fuerte testimonio para leer.

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