Milagros, Sabores y Paisajes de Nápoles

Durante el mes de septiembre de cada año, en la ciudad italiana de Nápoles, se llevan a cabo las celebraciones en honor a su Santo Patrono, San Gennaro.

San Gennaro fue un obispo, en la región de Campania, perseguido y condenado a muerte en las persecuciones sufridas por los cristianos en el siglo III.

Cuando fue encarcelado en el año 305, una serie de milagros sucedieron al intentar asesinarlo, ya que sobrevivió luego de ser introducido a un horno, y más adelante, al enfrentarlo a fieras en un anfiteatro, las mismas se rindieron a sus pies como mansas mascotas sin atacarlo.

Ante estos acontecimientos, junto a otros cristianos fue ejecutado por decapitación en la plaza Vulcana. Además de San Gennaro, murieron Sosio, Festo y Próculo Januari. Su sangre fue recogida por una mujer llamada Eusebia justo después de su muerte.

Desde hace 400 años, para el aniversario de su muerte, sucedida el 19 de septiembre, se produce un acontecimiento que no es considerado milagro, sino “prodigio”, como lo es la licuefacción de la sangre del santo.

En este día del mes de septiembre, un sacerdote expone una ampolla conteniendo sangre solidificada frente a la urna que contiene la cabeza del santo mártir.

Ante el rezo de los creyentes presentes, la sangre solidificada cambia de color, a uno más rojizo, volviéndose líquida y con mayor volumen.

Este milagroso acontecimiento sucede 3 veces al año, en las fechas del primer fin de semana de mayo, el 19 de septiembre, y el 16 de diciembre.

En los años en que la sangre no se licúa, los napolitanos temen lo peor, ya que cuando el milagro no se dio, desastres ocurrieron en Italia, como en 1943, fecha de la ocupación nazi, en 1973, epidemia de cólera en Nápoles, en 1980 con la muerte de más de 2900 personas por un terremoto.

El temor actual de los napolitanos, en 2016 tampoco se licuó.

El busto de plata del Santo Patrón fue donado por Carlos II de Anjou en el año 1305, en cuya cabeza hay huesos del cráneo de San Gennaro, en la Capilla del Tesoro, dentro la Catedral de Nápoles.

En cuanto a los sabores, Nápoles es mundialmente conocido por sus tradiciones gastronómicas, difícilmente haya lugares en el mundo tan identificados como esta ciudad italiana con sus comidas típicas: Pizza, Spaghetti, Sfogliatelle.

Imposible pasar por Nápoles sin probar estos platos, dejarse atrapar por los aromas que salen de sus restaurantes, y olvidarse de cualquier tipo de dieta mientras dure la estadía en la ciudad más poblada del sur italiano.

Pasear por las calles de Nápoles hasta encontrarse atraído por la magia de Napoli Food Porn, para deleitarse con las comidas y postres más representativos de la cocina napolitana, una buena pizza Margherita en el justo toque de salsa y mozzarella, o con platos típicos de mar, como los spaghetti a la vongole, una sustanciosa porción de banana Split, gellato con nutella, y en cada rincón de sus vitrinas, una tentación imposible de resistir.

Para visitar en Nápoles, hay diferentes puntos de interés, tanto dentro de la ciudad como en las afueras.

El Duomo de Nápoles, la Piazza del Plebiscito, con sus edificios alrededor del Palacio Real, Basílica de San Francisco de Paula, Palacio de la Prefectura y Palacio Salerno. La Galería Umberto 1, la Capella Sansevero con sus misteriosos símbolos en la Via Sanctis, El Castel del’ovo en cuya Terrazza dei Cannoni el turista podrá apreciar desde un magnífico punto el mar, el puerto y el volcán Vesuvio.

Para quienes tengan más tiempo, desde Nápoles podrán visitar Pompeya y sus históricas ruinas, o la increíble Isla de Capri, con sus atracciones propias como la Grotta Azzura, la gruta azul, pero Nápoles será siempre asociado al desorden de tránsito, los sabores de sus comidas, y el amor por el fútbol.

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