Pádova. La Ciudad de San Antonio y de las Ciencias

Pádova, o en español Pádua, es una bellísima ciudad ubicada a pocos kilómetros de Venecia hacia el este, y a pocos kilómetros de Verona hacia el oeste, en el norte de Italia, con muchísimos atractivos por recorrer y descubrir.

Partimos de Milán en uno de los trenes denominados de “alta velocidad”, que con sus 250 kilómetros por hora nos llevó a Pádova en un suspiro, lo que nos permitió disponer de casi todo el día para recorrer la ciudad, una ciudad que recomendamos totalmente a quienes viajen a Italia, por la diversidad de actividades propias, y su excelente ubicación para visitar ciudades cercanas.

Ya habíamos estado hace dos años allí, pero simplemente para hacer base hacia Venecia. Luego de recorrerla brevemente y de noche, nos dimos cuenta que si había posibilidad de un nuevo viaje, Pádova merecía días propios, y así cumplimos, esta vez estaríamos 4 días.

Algo que no cambiamos fue el hotel, ya que estratégicamente ubicado, cómodo, con personal gentil y un desayuno increíble, en el que los capuccinos se repetían en nuestros sentidos, el Hotel Al Casón nos recibió como hace 2 años.

Caminamos desde el primer minuto las calles de la ciudad, cruzamos el río y nos dirigimos a la zona más comercial, y rápidamente hacia la plaza más grande de toda Italia, la Piazza Prato della Valle, que de forma ovalada cuenta con una superficie de 90.000 metros cuadrados, rodeada por una especie de canal con agua y puentecitos para ingresar a ella, estatuas cada pocos metros, y árboles de diferentes tonos de verdes por el otoño europeo.

Recorrerla con tranquilidad y la suerte de un día celeste y sol, permite apreciarla en toda su dimensión, y es un lugar elegido no solo por turistas, sino por los propios habitantes de la ciudad, de todas las edades, estudiantes repasando sus apuntes, matrimonios disfrutando el día, jubilados sentados y felices del movimiento constante de gente.

Luego de una recorrida completa y de descansar un rato en una de sus bancas, pusimos la vista en una iglesia que creímos era la famosa de San Antonio de Pádua, pero era la Basílica de Santa Giustina, donde se encuentran los restos de la santa, y que fuera construida en el siglo VI y remodelada a como está actualmente en el siglo XVII.

Una nueva vuelta casi completa a la plaza, y a pocas cuadras se divisaba otra gran cúpula, y esta vez sí, llegamos a la Basílica de San Antonio de Pádova, o Pádua, construida en los años 1200 a 1300 en estilo gótico, donde fue sepultado San Antonio.

El arte está presente dentro y fuera de la basílica, ya que hay obras de Donatello, como el monumento a Gattamelata ubicado en la plaza vecina a la basílica, y dentro de la misma, y dentro están las obras representando a la Virgen con el Niño, y los santos Francisco, Antonio, Justina, Daniel, Luis y Prosdocimo.

La recorrida por el interior puede ser guiada o de forma individual, recorriendo no solo el interior sino el museo que se encuentra pegado a la basílica, un paseo de 1 hora aproximadamente que vale la pena realizar.

Lamentablemente en remodelación no pudimos ingresar a la iglesia de los Eremitani, pero seguimos nuestra recorrida por la peatonal calle Humberto I, la estatua de Garibaldi del siglo 19.

Pádova es muy reconocida desde siglos por su universidad, una de las más antiguas del mundo, ya que se fundó en el año 1222 y entre sus personajes ilustres que enseñaron allí se pueden mencionar a Galileo, Santorio y William Harvey. Estudiantes de las ciencias de todo el mundo llegan aquí para continuar sus estudios.

Terminamos el día cansados, pero llegar al Hotel AL Casón y saber que tiene restaurante a la carta allí mismo, es genial, comimos una excelente lasagna, y como atención del hotel, para impulsarnos más a nuestro descanso, una copa de limoncello, broche de oro a la jornada.

Imperdible, estar un sábado en Pádova es regalarse un paseo alrededor de Piazza Prato della Valle, y en todo su anillo exterior encontrar un “Mercato” de todos los rubros, nada improvisado, sino que auspiciado por el gobierno comunal, los comercios de la ciudad colocan puestos con sus mejores artículos con rebajas increíbles.

Imposible no comprar nada allí, ya que desde herramientas, flores, zapatos, zapatillas, ropa informal, pantalones, camperas, y todo lo que a uno se le ocurra, estaba allí a precios geniales, y por supuestos estos dos representantes argentinos no podían salir de allí con bolsas en las dos manos.

Y para el día siguiente va siendo tiempo de tomar el tren en la estación Pádova hacia Venecia, 2 estaciones nos separan solamente de los canales venecianos, que recorrimos muy apresurados en 2015, pero allí también volveremos para disfrutar de cada puente y cada canal entre las callecitas milenarias.

Allí arrancaremos nuestra próxima nota de viaje.

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