Roma, una recorrida por el encanto de su Navidad

En esta oportunidad, no nos propusimos una nota periodística sino escribir sobre la experiencia en Roma al modo de un Diario de Viaje. Claro está que un diario en nuestros días, dista mucho de la acumulación de fechas, mapas, rutas o lugares. Cada viaje tiene un espíritu propio y el nuestro no es la excepción.

Durante varios meses organizamos el viaje por Italia, con toda la pasión y esmero necesario para que cada detalle fuera lo mejor posible. No era fácil la propuesta porque fuimos 8 personas juntas donde las edades iban desde los 17 a los 78 años. Un objetivo de disfrute guiaría nuestras decisiones a la hora de elegir, ya que fue nuestra primera visita y no conocíamos nada.

Nuestra meta principal era llegar a la Comuna de San Buono, en los Abruzzo, a unos 35 kilómetros del Mar Adriático, para conocer la tierra de nuestros antecesores, desde donde llegaron a Argentina dos jóvenes hermanos en los inicios del 1900 y sin proponérselo dieron origen a nuestra familia en el país.

Pero todo tiene un comienzo, y así aterrizamos en el Aeropuerto Fiumicino de Roma.

Sobre el final del otoño italiano y la llegada del invierno, llegamos a la Ciudad Eterna donde el primer encanto que pudimos atesorar para este diario de viaje, fue la alegría y hospitalidad de su gente. Cada romano era una muestra de amabilidad y respeto por los demás.

El ejemplo claro fue nuestro anfitrión, Massimiliano, quien estuvo pendiente de nosotros desde nuestra accidentada llegada al departamento porque la combi que nos vino a buscar al aeropuerto nos dejó a varios kilómetros por un simple error: ¡los nombres de las calles eran iguales! Gracias a varios vecinos del barrio que nos ayudaron, logramos que esta situación no fuera más que el comienzo de nuestras anécdotas…

La casa que alquilamos por seis días se llama “Martina a Piazza del Popolo”, es grande, confortable, cálida, céntrica y con todo el calor que Roma nos regaló en nuestra estadía allí. Por supuesto, la recomendamos a cada familiar y amigo que necesite un amplio lugar de estadía en Roma.

Turistas en Roma sí, extraños sí, pero los italianos rápidamente nos hicieron sentir como en casa, muy a gusto y pudiendo disfrutar de sus lugares históricos, aquellos que alguna vez estudiamos en la escuela, contrapuestos con sus elegantes y lujosas tiendas de ropa, zapatos y joyerías, sus callecitas de adoquines húmedos con sus adornos navideños en cada esquina y cada vidriera donde los colores rojo y blanco dominaban cada rincón. La alegría era contagiosa, con cada persona que te cruzabas por cualquier motivo no faltaba el “Auguri!” expresado con tanto sentimiento.

Recorrer la Piazza di Pópolo, Vía Borguese, Vía del Corso con sus pizzerías y restaurantes tan típicos, la Fontana di Trevi, Piazza España, andar en sus líneas de Metro, caminar el Coliseo, el Forum, el Panteón y tantos rincones históricos que pudimos recorrer, a cada paso una postal y un recuerdo imborrable.

coliseum

Caminábamos todo el día desde muy temprano a la mañana hasta entrada la noche, después de la cena.

Un párrafo aparte fue nuestra visita por el Vaticano que nos llevó todo el día y nos dejó con ganas de volver porque no alcanzan las horas. Mucho arte, mucha historia, para quienes profesen la religión católica un momento pleno de espiritualidad y para quienes no se sienten identificados con eso resulta igual un punto clave para entender la historia occidental. Llegar a lo alto de la cúpula todos los que iniciamos este viaje, fue sin dudas, un momento maravilloso. Desde los más jóvenes hasta los mayores que nos lanzamos a esta aventura, nos unimos en un improvisado aplauso al contarnos y vernos allí, en uno de los lugares más altos desde donde apreciar Roma entera.

Nos llevamos de Roma y su gente la amabilidad y respeto por el otro, ese mismo que te permite poner un pie en la senda peatonal sabiendo que todos los automovilistas esperarán a tu cruce sin tocar una sola vez la bocina ni acelerar nerviosamente sus motores.

bicicleteada

Las motos tan características del lugar, son un espectáculo en sí mismas. También vimos una bicicleteada por Navidad donde la consigna era tener algo alegórico a la festividad y muchos pasaban disfrazados de Papá Noel saludando y deseando felicidades a quienes acompañamos la trayectoria.

El tranvía de Vía Flaminia, la caída del sol a las 5 de la tarde, las pizzerías cada pocos pasos, el aroma de sus pastas, los capuchinos y chocolates, la elegancia de sus habitantes recorriendo los negocios en busca de sus compras navideñas, todo forma ya parte de nuestros mejores recuerdos.

Festejar Navidad en Roma fue una experiencia distinta… y seguimos nuestro viaje rumbo a los antepasados.

Chieti nos esperaba, unos 200 kilómetros, tras pasar por lo alto de los Apeninos y cerca del Gran Sasso, nevado y vigilante.

Pero ese capítulo, se los contamos en la próxima!

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