Descubriendo Venecia, de los Canales hasta las Manos

Llegamos a Venecia bien temprano a la mañana, luego de un buen desayuno en nuestro hotel y de 25 minutos de tren desde Pádova hasta la estación de Santa Lucía, Venecia nos recibía con un clima excelente, parecía primavera en lugar de otoño.

Tomadas las primeras fotos y videos apenas bajamos del tren, el Gran Canal, vaporetos, lanchas y góndolas nos daban la bienvenida, mucho mejor clima que los 3 grados bajo cero de diciembre 2015 cuando estuvimos por primera vez.

En aquella oportunidad apenas habíamos tenido tiempo de caminar hasta Piazza San Marco y embarcarnos hacia Murano, Torcello y Burano, (recorrido que detallamos en nuestra nota del 2016 en http://sobrelibrosycultura.com/paseo-rumbo-al-norte/ ), paseo en lancha que con las paradas en cada una de las islas nos había llevado toda la tarde, y allí, en pleno diciembre, a las 5 de la tarde era noche.

Esta vez comenzamos temprano, con sol, y sin proyectar embarcarnos, por lo que disfrutamos todos y cada uno de los monumentos, edificios icónicos y de los canales con sus puentes, encontrando algo que no se repetirá en Venecia: Una escultura de dos manos gigantes sosteniendo una edificación en el Gran Canal.

Las manos gigantes son obra del artista Lorenzo Quinn, instaladas en oportunidad de la 57 edición de la Bienal de Arte de Venecia, y que afortunadamente coincidió que aún estaban durante nuestra visita, ya que no quedarán ubicadas allí permanentemente.

Luego seguimos recorriendo las callecitas, aprovechando el mercado al aire libre para algunas compras, y el Mercado que ahora ocupa las instalaciones del teatro Italia, siempre rumbo a la Plaza San Marcos y la Basílica de San Marcos, con intenciones de ingresar y llegar a la parte superior, lo mismo que a la Torre del Campanario, (Campanile di San Marco).

Ingresamos a la Basílica para recorrerla tanto en su interior, como en su parte superior y terraza, conociendo la historia de la misma, que fuera construida en estilo bizantino, si bien su construcción data del siglo IX, por un incendio intencional fue reconstruida entre el siglo XI hasta el XIII.

Con un interior que estaba en parte en refacciones, nos dirigimos a la terraza, donde se destacaban cuatro caballos en cobre dorado, que fueron traídos desde Constantinopla en el año 1200. Si bien están en el exterior, los originales están dentro de la Basílica, para protegerlos de las inclemencias del clima. Pueden ser visitados y fotografiados por los visitantes sin problemas.

La terraza al igual que casi todos los pisos y la fachada, son de mármol, por lo que hay que pisar con cuidado para evitar patinadas. Desde la terraza se tienen excelentes vistas de la Piazza San Marco, así como del Mar Adriático y los canales principales de navegación hacia Lido, y las demás islas de mar abierto.

La vista general de la plaza desde la terraza de la Basílica solo es superada por otra vista: La que se obtiene subiendo a la Torre del Campanario.

Este ascenso es totalmente por ascensor, por lo cual es apto para todos los estados físicos, y vale la pena pagar el ticket de ingreso para llegar a lo más alto de Venecia y tener la mejor panorámica general a los 4 puntos cardinales.

La observación de las 5 cúpulas de la Basílica (foto 1), de la piazza, del mar, de lanchas y góndolas, la gente como hormigas abajo, son imágenes que atesoramos para siempre, con la campana gigante a nuestro lado, y la plaqueta que da testimonio de la estadía de Galileo en dicho lugar.

Un párrafo aparte es el precio de las góndolas, el tradicional paseo en Venecia, que cuesta unos 80 euros, negociable hasta cierto punto con el gondolieri de turno, pero que puede compartirse el gasto con otra pareja si se ponen de acuerdo.

Antes del anochecer pusimos rumbo a la estación Santa Lucía de Venecia, para regresar a Pádova, nuestra ciudad base para seguir recorriendo el Véneto.

Un contraste muy importante para nosotros, argentinos acostumbrados a viajar en trenes llenos de vendedores ambulantes que a los gritos ofrecen sus productos, fue poder viajar conversando en voz baja, y atendiendo las indicaciones del “capo del treno”, un personaje con la suficiente autoridad dentro de cada tren, que daba sensación de seguridad y orden.

Siguiente escala: Verona.

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