Brest: Faros, Puentes y Sidras. ¿También Fantasmas?

Brest, una ciudad francesa destruida totalmente en la Segunda Guerra Mundial, ya reconstruida, nos muestra hoy su mejor cara, sus lugares emblemáticos y una historia que vale la pena recorrer.

Está ubicada en una zona fría, rodeada de acantilados gigantes que dan vértigo, un mar bravo que siglos atrás les provocó zozobra a los navegantes, una pesadilla para ellos a lo largo de la historia.

Una historia que pasa a leyendas o mitos, cuando la historia oral de los lugareños hacen mención y dan mérito a la aparición de seres mitológicos, o de fantasmas, también brujas, todo el misterio del que tanto se nutren a la hora de promocionar a esta ciudad, ubicada a 600 kilómetros de París.

Brest, Capital de la Provincia de Finisterre, era un gran puerto pesquero, al llegar la década del 40 del siglo pasado, los nazis ocuparon la ciudad de Brest, aprovechando su posición estratégica sobre el Atlántico, para posicionar allí una base submarina.

Esa actividad alemana en Brest fue el motivo por el cual fue tan arrasada por los bombardeos aliados, que para aniquilar las bases allí instaladas, hicieron llover toneladas de explosivos, salvándose pocos edificios históricos de la destrucción.

A partir de allí su reconstrucción, por lo cual hoy el visitante encuentra una ciudad con edificaciones modernas, aunque hay para destacar algunos monumentos que sobrevivieron por suerte para poder contemplarlos en nuestros tiempos.

Comentamos que era una ciudad distinguida por sus faros, dado la costa peligrosa para los barcos, había que dar advertencia de los accidentes costeros inminentes.

Al construirse los puertos hubo que construir faros para advertir a los navegantes que a ellos llegaban, construcciones necesarias para llegar sanos y salvos, por lo cual las costas bretonas son las que tienen la mayor concentración de faros de todo el mundo.

El destacado es el Faro de Saint Mathieu, construido en 1835 con 163 escalones, que está en el cabo del mismo nombre, cuya figura se encuentra junto a las ruinas de una impresionante abadía benedictina del siglo XVI.

Desde este punto se puede divisar desde la Punta del Raz hasta la isla de Ouessant, donde se encuentra el Faro de la Jument, tan visto en espectaculares fotografías azotado por las olas gigantes.

Otros faros que se pueden mencionar en la región son el Faro del Petit Minou de 26 metros de altura, el Faro de Portzic construido a mediados del siglo XIX, el Faro de Pierres Noires, el Faro de Pontusval

Todos y cada uno de ellos, con su propia arquitectura que dependía en muchos casos, de los azotes de las olas y la construcción de sus bases eran justamente para evitar su destrucción en algún temporal.

Saliendo de los faros, nos centramos en la bebida más tomada en Brest, la sidra, una bebida que cuenta con excelente calidad en esta zona de Francia, gracias a la gran cantidad de manzanas, destacándose algunas incluso con la Denominación de Origen.

Beber sidra y comer pescado fresco de los puertos de Brest es una de las opciones gastronómicas imperdibles al visitar esta ciudad.

Para recorrer algunas de las antiguas construcciones de la ciudad que pudieron sobrevivir a los feroces combates y bombardeos de la Segunda Guerra, no hay que dejar de visitar Motte-Tanguy.

Esta es una torre vigía original del siglo XVI, que fuera construida para controlar el tráfico del Río Penfeld, y que actualmente en su interior se encuentra el Museo Antiguo donde se exhiben objetos, fotos y maquetas de la ciudad antigua, con sus calles más pintorescas, lamentablemente ya desaparecidas.

Siguiendo con los monumentos históricos en pie, es el castillo situado en la zona del puerto y que fuera construido en el siglo XII sobre los restos de una vieja construcción romana, que actualmente es la sede del Museo de la Marina, allí se conserva un submarino alemán.

Símbolo de Brest, Pont de Recouvrance, su puente levadizo construido en el año 1954, que une las dos partes de la ciudad, que es considerado el puente levadizo más largo del mundo, con sus 87,5 metros de largo.

Y para el turista, una obra moderna no puede dejar de visitarse, es Oceanópolis, con sus tres pabellones, ambientes polares, tropicales y templados, y más de 10000 especies animales para apreciar. Entrada 22 euros.

Distancias para llegar a Brest: Desde París son 600 kilómetros, Rennes a 240 kms., Nantes a 295 kms., Le Mans a 400 kms, entre algunas ciudades como referencias.

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