Conversamos con la escritora Laura Nicastro

La semana pasada descubrimos una novela maravillosa que se titula Tango brujo, donde su autora Laura Nicastro relata con ternura y humor la vida de sus personajes atravesados por un hilo conductor que entrelaza el tango con ciertos acontecimientos históricos argentinos. Así la música, la danza y la poética, que tanto nos representan, fluyen entre aquellas historias.

Laura Nicastro es una escritora de amplio recorrido, que nació en Buenos Aires, Argentina, estudió Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras (UBA). Se desenvuelve fluidamente en alemán, inglés y francés. Residió dos años en Alemania y después de asistir a talleres y seminarios de escritura, plástica y formación actoral, comenzó a publicar en los años 80.

Por estos motivos nos pareció interesante conocerla un poquito más, a través de sus propias palabras…

Laura, ¿qué te motivó a escribir la novela Tango Brujo?

Todo lo que te ocurre emocionalmente al bailar abrazada a un desconocido durante unos doce minutos más o menos. Y el ambiente de las milongas tal como lo percibí cuando entré por primera vez a un salón, a comienzos de este siglo. Me impactó la gran sensación de soledad existencial de los asistentes y sentí que debía escribirlo.

Claro, esa sutil combinación de intensidad y naturalidad que da el abrazo preciso en el tango, no?

Sí, es hermoso cuando el baile entre dos personas es armónico, cuando hay un diálogo corporal que fluye sin tropiezos. A veces ocurre una sola vez en toda la noche, a veces uno se va a casa y eso no ocurrió. Entonces se vuelve al salón a la semana siguiente, tratando de recuperar esa comunión (con otra persona o con la misma, cada vez es distinto). Personalmente opino que no se baila con la persona que se abraza, sino con una imagen idealizada que se tiene en la mente. Es lo que trato de expresar en Tango Brujo. Para uno de los dos epígrafes de mi libro tomé una oración de Rayuela, de nuestro querido Julio Cortázar que describe muy bien lo que es el abrazo: “Hablando de sustituciones, nada me extrañaría que vos y yo fuéramos el mismo, uno de cada lado”. Eso sería el abrazo perfecto para mí.

Entonces, ¿ese es el tema central de la novela?

El abrazo y el ambiente de la milonga son los disparadores. Escribir toda una novela sobre el abrazo me pareció irrelevante. Despierta diferentes emociones y a mí, como lectora, me resultaría sumamente tedioso leer todo un libro sobre “emociones”. Sí me pareció interesante explorar el contexto en el que se desarrolló esta música aluvional que nos representa como tribu urbana rioplatense. Las referencias a ese contexto corren en paralelo a las vivencias del protagonista y de otros personajes. Me importa relatar cómo los grandes acontecimientos de nuestro país inciden en la vida cotidiana del ciudadano común, aquel que debe salir a trabajar todos los días, el que aspira a tener su casa, a educar a sus hijos, pero carece de influencia sobre las decisiones de los más poderosos.

Qué bueno tu trabajo, denota un claro tiempo de investigación para escribir.

Y sí, mucho tiempo. “Peiné” las hemerotecas del Congreso y de la Biblioteca Nacional. Fue un trabajo muy interesante. El título de cada capítulo es la transcripción textual del título de algún periódico que leí mientras investigaba el tema. Fui muy cuidadosa en seleccionar diarios diferentes: Crítica, Clarín, La Nación, Página 12, entre otros para no subrayar tendencia política alguna.

Si tuvieras que invitar a la gente a leer tu novela ¿qué le dirías?

Lo mismo que le dicen a Javier Centeno, el protagonista de Tango Brujo, cuando lo invitan a tomar su primera lección de tango: “Vení, te va a gustar”.

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