Capilla Sixtina, Basílica y Plaza San Pedro, y Museos del Vaticano

Llegar a Roma y tener la posibilidad de destinar un día entero a recorrer el Vaticano, la Ciudad del Vaticano, pequeño estado de casi 45 hectáreas, es emocionante, no solo para el visitante que profese la religión católica, sino para cualquier turista del mundo.

Instalados en Roma pudimos realizar las averiguaciones más importantes para visitar de la mejor manera el Vaticano, por lo cual le destinamos un día entero, literalmente, desde las 9 de la mañana hasta las 18:30 hs., cuando ya el sol invernal había dado paso a la noche.

Desde el centro de Roma, la mejor manera de llegar es en el metro, bajando en la estación Otaviano, que nos dejó a solo 4 cuadras de la entrada al Museo Vaticani, frente a las murallas.

La Ciudad del Vaticano fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 1984, y la seguridad está cargo de la Guardia Suiza.

La entrada a los Museos Vaticanos y Capilla Sixtina tiene un valor de 17€, y realmente vale la pena la visita, son casi 7 kilómetros de museos con obras imperdibles repartidas en sus diferentes salas, incluso también aconsejamos abonar el adicional para ascender a la cúpula de la Basílica de San Pedro, el lugar desde donde tendrán una vista panorámica única de Roma y sobre todo, de la Plaza San Pedro.

Una vez iniciado el recorrido por los museos del Vaticano, nos daremos cuenta la variedad de las obras, murales, lienzos, pinturas, esculturas, representaciones y hasta los pisos y techos, todo es increíble, como el dolor de cuello por tanto mirar el arte pintado en los techos.

A nosotros nos sorprendió ubicar en la Sala de Mapas, Cartografía Antigua, donde están colocados enormes lienzos del siglo XV, uno en el que figuraba el pueblo de donde es originario nuestro árbol familiar, San Buono, cercano al Mar Adriático, y seguramente a muchas familias les pasaría lo mismo.

El Museo Gregoriano Egipcio, con sus esculturas, papiros milenarios y momias de siglos y siglos de antigüedad también es muy impresionante, obras del renacimiento, de los grandes protagonistas de esa época inigualable, en una colección que atrapa al visitante pasando minutos en cada una, optimizando los sentidos para llevarse las sensaciones imborrables que una fotografía no logra plasmar.

El Patio de la Piña del Vaticano es otra verdadera sala de exposición, para recorrer sus jardines, sus fuentes, esculturas y para ir tomando fuerzas en el espíritu, en el corazón, para ir llegando a uno de los puntos más fuertes de la recorrida en el Vaticano: La Capilla Sixtina.

A la Capilla Sixtina la conocemos desde la escuela secundaria, conocemos su importancia para el mundo Católico, aprendimos que dentro de ella se realizan los cónclaves para la elección de cada Papa. Ya nos habían anticipado la onda emoción que se manifiesta al estar allí.

Una vez dentro, está prohibido tomar fotografías o filmar, incluso sin flash, ni con celulares, con personal de seguridad muy celoso en hacer cumplir el reglamento, así como de mantener lo más silencioso posible la sala.

Contemplar en dicho ambiente de silencio y admiración la obra de Miguel Ángel, La creación de Adán, un fresco en el techo de la Capilla Sixtina, pintado alrededor del año 1511, donde se Ilustra el episodio bíblico del Génesis en el cual Dios le da vida a Adán, todo partiendo de la imaginación del artista que tradujo su lectura a un arte inigualable.

El bien y el mal representado por imágenes del cielo y del infierno, almas errantes o almas bendecidas, todo forma parte de un trabajo fenomenal de Miguel Ángel que merece dedicarle varios minutos, en silencio.

Una vez que se sale de la Capilla Sixtina, siguiendo con galerías, pasillos y salas, podremos pasar por la Biblioteca Vaticana, a la cual no pudimos acceder en nuestra visita, una biblioteca que posee más de 75.000 manuscritos y más de un millón de libros, de los cuales 8000 son incunables.

Los Museos Vaticanos que siguen con el recorrido son el Museo Pío-Clementino, Museo Chiaramonti, Museo Gregoriano Etrusco, Museo Gregoriano Profano, Museo Misionero Etnológico, la Pinacoteca Vaticana, Colección de Arte Religioso Moderno, Capilla Nicolina, Aposentos Borgia, Museo Filatélico y Numismático, las Estancias de Rafael, compuestas por la Estancia de la Signatura, la Estancia de Heliodoro, la Estancia del Incendio del Borgo, la Estancia de Constantino, y mucho más, hasta que alcance el tiempo de la visita.

La opción para quienes aún tengan fuerzas, es ascender a la Cúpula de Miguel Ángel de la Basílica de San Pedro, en la cual se encuentran, en la necrópolis, un cementerio donde fuera enterrado San Pedro.

Para ello, hay una opción que permite realizar en ascensor la mitad del recorrido, y el resto se deberá seguir a pie, una incómoda escalera, estrecha y sin mucha ventilación, que entregará a los visitantes que lleguen a la cúpula su merecido premio: Las inigualables vistas de Roma.

Ya en planta baja nuevamente, el interior de la Basílica de San Pedro, su altar, en todo se respira diferente, aún para quienes no profesen activamente la religión, es muy fuerte la sensación.

La retirada hacia la Plaza de San Pedro, esa que tantas veces vimos en las misas multitudinarias del Papa, es otro momento especial, porque va finalizando la jornada, porque las campanadas van acompañando la retirada de los visitantes, y al girar la cabeza hacia atrás, vemos el frente de San Pedro iluminado, imborrable, majestuoso, emocionante.

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