Historia de Sansa y Palanca. La Disputa Que Terminó en Tragedia

No es una leyenda, es una real y trágica historia, que tiene como escenario la denominada Montaña de Tor, y como personajes principales de ella a Sansa y Palanca, habitantes de la zona así conocidos, y en puja por un territorio hostil dentro de los Pirineos.

Comencemos por ubicarnos geográficamente, Tor es un pequeño poblado enclavado en el Pirineo de Cataluña, muy cercano a la frontera con el Principado de Andorra, perteneciente al Municipio de Alins, una zona que en invierno se cubre de blanco por las nevadas intensas y continuas.

Desde Barcelona, Capital de Cataluña, la distancia varía entre 240 y 270 kilómetros según la ruta que se utilice, y se deben superar en oportunidades pasos a más de 2000 metros sobre el nivel del mar.

Dado que el último tramo no está asfaltado, es recomendable llegar allí en vehículos de tracción potente o motos, en especial en épocas más húmedas, de lluvias, o de nevadas, que son habituales desde otoño a verano.

Pero vayamos a la historia que nos moviliza, que cuenta con los capítulos más oscuros de la crónica negra rural de Cataluña, con tres muertes ocurridas en Tor, este pequeño poblado casi deshabitado del Municipio de Alins.

Uno de los protagonistas era Jordi Riba Segalàs, el temido habitante de la zona, reconocido en todo el Pirineo catalán con el sobrenombre de El Palanca, y el otro Josep Montané, reconocido por su apodo, El Sansa.

Josep Montané, El Sansa / Jordi Riba Segalás, El Palanca

Pero la historia comenzaba a fines del siglo XIX, en 1896, cuando los únicos 13 vecinos del municipio crearon una sociedad de copropietarios de los terrenos comunales, así serían ellos quienes regulaban la explotación de los pastos y la madera de la zona de la montaña de Tor.

Por aquellos años, fueron redactados estatutos que establecían los requisitos necesarios para pertenecer a la sociedad:

Ser cabeza de familia

Residir todo el año en el pueblo

Mantener al menos, una casa abierta.

Teniendo en cuenta las precarias condiciones en la que vivían los vecinos de Tor por esa época, aislados por la nieve durante los inviernos, donde no había ni agua, ni luz y mucho menos líneas telefónicas, poco a poco los descendientes de aquellos primeros 13 propietarios socios se marcharon de Tor, perdiendo de esa manera sus derechos a reclamar por la propiedad.

Considerados los dos caciques del municipio, El Sansa y El Palanca comenzaron su tiempo de pleitos y conflictos por la propiedad de los terrenos en la zona, la que posee caminos de frontera escondidos utilizados por los contrabandistas que van y vuelven de Andorra.

También esta zona es donde se barajó la posibilidad de construir una pista de esquí, semejante a las ubicadas del lado de Andorra, a pocos kilómetros de allí, lo que provocaba la ambición ante la posible venta de las tierras.

Cierto mes de 1976 llegó a Tor un agente inmobiliario con una jugosa propuesta, ambiciosa para la zona, con la idea de urbanizar, construir hoteles en torno a una nueva pista de esquí, y centros comerciales.

El agente se llamaba Rubén Castañer, aragonés de nacimiento pero establecido en Andorra, conocedor de las posibilidades de la zona.

La ambición dividió a los dos caciques de Tor, ya que El Sansa era partidario de fomentar la explotación turística de la montaña como aspiraba Castañer, mientras que El Palanca quería seguir con la tradicional explotación de los pastos para el ganado y la madera de los bosques.

La idea de El Palanca no era solo tradicionalista, sino que el paso constante de los contrabandistas que volvían de Andorra hacia España por sus caminos poco transitados, les dejaba a algunos propietarios una especia de tributo o “peaje” para no entorpecer el paso.

Las encontradas posiciones sobre el tema urbanístico entre Sansa y Palanca complicaron la convivencia, hasta llegar al colmo de contratar fuertes leñadores como guardaespaldas en la montaña.

Otro que también comenzó a andar con guardaespaldas fue el agente Castañer, aunque más que proteger eran dos asesinos, temiendo represalias, ya que a espaldas de algunos propietarios pactó con Sansa y la familia Cerdà.

De esta manera, planeaba dejar al resto de vecinos sin derechos en la asociación de copropietarios, firmando un irregular contrato de arrendamiento, que abracaría durante 99 años, por 200.000 pesetas anuales, la moneda española por aquellos años.

Cuatro años más tarde, en 1980, dos guardaespaldas de Castañer mataron a tiros a dos de los guardaespaldas de El Palanca.

Los asesinos fueron condenados por la justicia a ocho años de prisión y al agente Castañer lo condenaron a indemnizar a las familias de los asesinados con 10 millones de pesetas, cifra que jamás pudieron cobrar.

Al año siguiente de los asesinatos, en 1981 comenzó el juicio en la justicia de Lérida, intentando determinar quién era el propietario de los terrenos de Tor.

Se presentaron representantes de las originarias 13 familias que querían se dividiera en 13 partes, entonces El Palanca se negó.

Cuatro años más tarde, en febrero de 1995 el juzgado publicó la sentencia basada en los estatutos con los que se creó originariamente la sociedad de copropietarios, y estableció que el único dueño de la montaña era El Sansa, por cumplir con todos los requisitos.

Solo 5 meses después del fallo a su favor, El Sansa fue asesinado, apareciendo en su domicilio visiblemente golpeado y con un cable enroscado en su cuello.

Hubo dos vecinos de La Seu d’Urgell que fueron detenidos, Josep Mont Guitart y la brasileña Merli Pinto Gomes, pero luego absueltos por falta de pruebas, aunque pasaron 14 meses en prisión.

Mientras tanto, ni la pista de esquí, ni el progreso comercial y hotelero se concretaron, aunque hay algunas ruinas en un camino intransitable que podrían ser las construcciones iniciadas y abandonadas de una cervecería o cafetería del proyectado centro de esquí.

Las rutas siguieron siendo utilizadas por los contrabandistas, siendo El Palanca el único que tal vez tuviera la verdad para resolver el asesinato de Josep Montané, El Sansa.

Pero eso ya no será posible, ya que en el año 2019 falleció de causas naturales El Palanca, Jordi Riba Segalàs, llevándose tal vez el secreto a la tumba.

Actualmente las tierras en litigio por Sansa y Palanca han vuelto a ser propiedad de las 13 familias que firmaron en 1896 la Sociedad de Conduenyos de la Montanya de Tor, y la historia de asesinatos increíblemente mueve el turismo a la región, y hasta un libro se ha editado: “Tor, 13 casas y 3 asesinatos”.

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